Cuando llegan los días de calor muchas personas sienten que su cuerpo se comporta de forma diferente: aparecen la pesadez de piernas, tobillos hinchados, sensación de cansancio físico, e incluso hinchazón en las manos al caminar o hacer ejercicio ligero. Todo esto suele ir acompañado de una especie de fatiga general, como si el cuerpo estuviera más pesado y lento.
Y aunque es un cuadro habitual, no es algo que debamos considerar “normal” ni resignarnos a sufrirlo cada verano. Comprender por qué ocurre y cómo se puede acompañar al cuerpo desde una mirada integral es la clave para evitarlo o al menos reducirlo considerablemente.
¿Por qué el calor afecta tanto la circulación?
Cuando la temperatura ambiente aumenta, el cuerpo necesita regular la suya para no sobrecalentarse. Y uno de los principales mecanismos que utiliza es la vasodilatación periférica, que consiste en ensanchar los vasos sanguíneos, sobre todo los más cercanos a la piel. Esto permite que la sangre fluya más superficialmente y el calor interno se libere con mayor facilidad al entorno.
El problema es que cuando los vasos se dilatan en exceso o la circulación ya está algo debilitada de base, este mecanismo empieza a tener efectos secundarios:
- La sangre circula más lentamente en las extremidades.
- El retorno venoso (la sangre que tiene que ascender de las piernas al corazón) se vuelve menos eficiente.
- Parte del líquido plasmático se filtra fuera de los capilares hacia los tejidos, provocando la conocida hinchazón o edema.
Por eso en verano es tan frecuente notar los pies o tobillos inflamados, las piernas pesadas y con sensación de calor interno, y en algunas personas también aparece hinchazón de las manos, sobre todo si caminan o hacen ejercicio donde el tren superior no se mueve tanto.
Factores que empeoran esta situación
Aunque el calor es un factor desencadenante, hay condiciones previas o hábitos que agravan la tendencia al edema y la pesadez circulatoria:
- Sedentarismo: el retorno venoso depende en gran parte de la contracción muscular. Si pasamos muchas horas sentados o de pie sin movernos, la sangre no se impulsa adecuadamente hacia el corazón.
- Hidratación insuficiente: paradójicamente, cuando no bebemos suficiente agua, el cuerpo tiende a retener más líquidos por una cuestión de supervivencia, lo que agrava la hinchazón.
- Fragilidad capilar o insuficiencia venosa: algunas personas tienen venas más débiles o con las válvulas que funcionan peor, lo que facilita que la sangre se acumule en las extremidades.
- Disfunción hepática o digestiva: un hígado sobrecargado o una digestión lenta afectan la circulación portal y sistémica, lo que se traduce en una mayor congestión en la parte baja del cuerpo.
- Alteraciones hormonales: el sistema hormonal también influye en la regulación del agua corporal y la elasticidad vascular. Por eso las mujeres, sobre todo en determinadas etapas, suelen notar más estos síntomas.
- Consumo de sal y alimentos procesados: el exceso de sodio, propio de muchos productos industriales, favorece la retención de agua en los tejidos.
¿Cómo podemos aliviar estos síntomas de manera natural?
Para ayudar al cuerpo a recuperar el equilibrio circulatorio y reducir la hinchazón, es importante actuar en varios frentes:
- Hidratación adecuada: no solo beber agua, sino también aportar minerales esenciales (como potasio y magnesio) para que el equilibrio hídrico celular se mantenga correctamente.
- Movimiento diario: caminar, nadar, andar en bicicleta o practicar ejercicios que impliquen las piernas ayuda a que los músculos funcionen como una “bomba” que impulsa la sangre de vuelta al corazón.
- Duchas de contraste: alternar agua templada con chorros de agua fría en las piernas estimula el tono de las venas y mejora el retorno venoso.
- Elevar las piernas: dedicar 15-20 minutos al día a colocar las piernas en alto facilita que el líquido acumulado en los tejidos vuelva a circular.
- Alimentación consciente: evitar alimentos muy procesados y aumentar el consumo de frutas y verduras con alto contenido en agua y potasio, como el pepino, la sandía o el calabacín.
- Apoyo con plantas medicinales: existen muchas plantas que la naturaleza nos ofrece para fortalecer la circulación, mejorar el tono venoso y facilitar el drenaje linfático:
- Rusco: excelente venotónico y descongestionante.
- Castaño de Indias: mejora la resistencia capilar y reduce la permeabilidad de los vasos.
- Vid roja: antioxidante y protectora vascular.
- Centella asiática: estimula la microcirculación y mejora el tono venoso.
- Ortiga: depurativa y remineralizante.
- Bardana: ayuda al drenaje linfático y al metabolismo hepático.
La combinación de estas plantas, en infusión, extracto o tintura, siempre debe adaptarse a cada persona, teniendo en cuenta su estado de salud, sus medicamentos y su constitución.
La mirada integral: más allá de los síntomas
Desde la salud integral entendemos que el cuerpo es una red de sistemas que trabajan en conjunto. La hinchazón, la fatiga o la pesadez circulatoria no son solo efectos del calor, sino que también reflejan cómo está funcionando nuestro sistema vascular, el hígado, los riñones y el sistema nervioso autónomo.
Por eso, cuando acompaño a una persona que sufre estos síntomas, abordamos no solo la circulación, sino también la digestión, la hidratación, el descanso, la gestión del estrés y la calidad del sueño, porque todo influye en la capacidad del cuerpo para autorregularse.
Conclusión
La buena noticia es que estos síntomas son un aviso, pero también una oportunidad para fortalecer nuestra salud de fondo. Si cada verano notas que tu cuerpo se hincha o que las piernas pesan más de lo habitual, es el momento de escuchar esos mensajes, ajustar hábitos y, si es necesario, apoyarte en las plantas medicinales que ayudan a restablecer el equilibrio.
Si te gustaría que te recomiende un tratamiento específico para tu caso, o quieres mejorar tu circulación de forma natural y sostenida, no dudes en escribirme. Estaré encantada de acompañarte.
